lunes, 30 de marzo de 2015

“¡MALDITAS CUCARACHAS!”, Franz Kafka cualquier madrugada, allá por el año 1.900, al despertarse en su dormitorio y poner los pies en el suelo.

Con su narración “La metamorfosis”, publicada en 1.915, Kafka quizás solo quería luchar en su inconsciente contra esos insectos que le perseguían durante las pesadillas nocturnas recordando cada vez que se levantaba de niño a hacer sus necesidades nocturnas y sentía, al pisar el suelo, un desagradable cosquilleo bajo las plantas de sus pies, crujidos incluidos: “¡MALDITAS CUCARACHAS!” pensaba para sus adentros por tal de no despertar a su familia.


Y es que Franz Kafka aunque tuvo muchos hermanos, no disfrutó de una infancia agradable y por culpa de las “¡MALDITAS CUCARACHAS!” quizás fuese un poco peor.

Así que cuando decidió escribir su famosa narración “La metamorfosis” ya venía influenciado en gran parte por ese repugnante recuerdo infantil por lo que le transmitió al personaje Gregorio Samsa su herencia nocturna cucarachil, quizás de un intento de liberarse de esa pesadilla. De esta forma, Gregorio Samsa arrastró a lo largo de toda la narración el “San Benito” traspasado por Kafka y así le fue al pobre.

Sin embargo, las cucarachas nos hacen pensar, Kafka quizás no lo supiera, que si existen sobre la faz de la tierra desde hace más de 300 millones de años quizás duren otros 300 millones de años más sobreviviendo a todas esas barbaridades que hacemos los humanos con la madre naturaleza creyéndonos los dueños del planeta vertiendo al mismo todos los insecticidas, venenos, gases efecto invernadero, radiaciones nucleares o cualquier otra prueba bárbara a la que sometemos al medio ambiente de forma cotidiana e inconsciente , por muy ecologistas que nos nombremos. Seguro que sobrevivirán a todo esto o incluso meteoritos que puedan aparecer desde el infinito… y más allá. ¡MALDITAS CUCARACHAS¡.


Cuando Kafka, de niño, intentaba matar todas las que podía con sus zapatos (después de haberlas pisado inconscientemente al despertarse) y ver cómo quedaban los restos de algunas, tras los rincones o en los bajos de los armarios, quedaban al acecho unos cuantos cientos más, esperando la noche siguiente… y lo que es peor, muchos de esos cientos estarían flirteando con otros cientos del sexo contrario, para procrear varios miles más… ¡MALDITAS CUCARACHAS¡


Mientras redactaba este blog escuchaba a Klaus Schulze - The Cello:


martes, 10 de marzo de 2015

¡JODER! ¡La he pifiao!, Agustín de Hipona una calurosa tarde de Agosto del año 386 d.c. en el patio de su casade Milán (que era particular) al despertarse de una aciaga siesta debajo de un olivo (como debe ser).

Agustín de Hipona (alias San Agustín), persona harto inquieta, solía meditar tras la comida en el patio de su villa, cercana a Milán, (siesta lo llamarían algunos).

Una calurosa tarde de Agosto del año 386, también llamado "el año del consulado de Honorio y Euodio" (aunque esto no tiene ningún interés para esta historia pero queda bien), rememoraba su azarosa vida durante la que llevaba buscando la verdad absoluta, a sus 32 años, después de un largo recorrido intelectual estudiando materias como la retórica o el neoplatonismo y habiéndose convertido al maniqueísmo, hacía unos años, lo que le había servido para adorar la fama pero que no le habían llenado en absoluto.

En cierto momento del sueño, escuchó en la lejanía (detrás de la tapia) la voz de su vecina diciéndole a su hijo “Niño, ¡toma y lee!” en un intento de cultivar su curiosidad, pero el niño seguía con sus juegos de canicas ignorando a su madre. Sin embargo, Agustín, en su sueño meditativo interiorizó la frase y cogió una biblia que tenía cerca de la mano y comenzó a leer…

La lectura meditada de dicho libro le llevó a pensar que su recorrido personal no era el que realmente él deseaba y pensó: ¡JODER! ¡La he pifiao! al darse cuenta de los errores acumulados durante su vida actual y anterior, con los maniqueos, que tenían la costumbre de echarle la culpa de todos sus errores a las fuerzas infernales o a los demás, que estaban más cerca, “quedándose tan a gusto”.

Así que decidió dar un giro radical a su vida dedicándose en cuerpo y alma al cristianismo.

Agustín de Hipona con su madre Santa Mónica
Unos años más adelante rememoraría aquel ¡Joder! ¡La he pifiao! con un “ERRARE HUMANUN EST”, intentando explicar que la experiencia se adquiere a partir de las equivocaciones y errar es parte intrínseca de la naturaleza humana, publicando esto en sus escritos y no la frase en su fórmula original lo que quizás hubiese sido... un error. Probablemente la primera frase no hubiese tenido la misma repercusión.

Algunos, intentando rizar el rizo completan la frase con “errare humanum est, sed perseverare diabolicum” ( "errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico.") lo que los acerca más a los maniqueos que a los cristianos, al volver a echarle la culpa de todo lo que hacen a los demás o a fuerzas ocultas o diabólicas (conozco a algunos contemporáneos que son muy “maniqueos”).

Agustín supo entender el concepto del error y aplicárselo a sí mismo lo cual deja de ser un error… y no se erró en ello.

Aunque, por lo que he aprendido en mi experiencia personal, yo diría que "el hombre es el único burro que siempre tropieza más de una vez en la misma piedra" o como diría san Agustín "ERRARE HUMANUN EST".




Nota: En alguna ocasión hablaré de Euodio si encuentro algún retrato, cosa que dudo, pero aún desconozco quién pudo ser y ni siquiera si existió… es por si me sobra tiempo algún día.

Y al final un poquito de música para no equivocarse...





sábado, 31 de enero de 2015

¡Que me meo, que me meo!, Ysabel de Madrigal y más tarde Ysabel la Católica, mientras jugaba en el patio del castillo de la villa de Arévalo, una seca y fría mañana de Noviembre, en 1.461.


Era por la mañana temprano y, apesadumbrada por los acontecimientos que se cernían sobre su futuro, Ysabel jugaba con su hermano Alfonso y su amiga Beatriz de Bobadilla, hija del alcaide de la fortaleza, a “la Calva”.

Lo cierto es que estaba observando mucho movimiento en su casa y esto le hacía pensar en un próximo viaje con destino desconocido, abandonando su actual y modesta casa y sus buenos amigos.

Es en Arévalo donde Ysabel está pasando los mejores años de su infancia, a pesar de las estrecheces y de los males que aquejan frecuentemente a su madre, Ysabel de Portugal.

Es en estas circunstancias y debido a los grandes aborozes en el patio por los juegos de los infantes cuando apareció fray Lope de Barrientes (su tutor) envuelto en su argayo y les decía:


- Alfonso, Ysabel, Beatriz, dejad vuesas mercedes inmediatamente los juegos que urge emprender viaje mañana abuelta de los albores y hay que preparar el equipaje.

A lo que Ysabel, huyendo de fray Lope, cogió su caballo de palo, una espada y una adagara y salió corriendo gritando:

- ¡Que me meo!, ¡Que me meo!.

Y es que Ysabel, con esta artimaña tenía por costumbre escapar de los problemas y por tanto intentaba huir de su futuro incierto.

Tan mal le sentó esta abrupta respuesta a fray Lope que con agilidad la agarró del sayo y dándole un gran coscorrón le dijo con mucho disgusto:

- Non es bien que una infante de tu estirpe fable términos tan rudos como esos.

-Yo non me’xcuso de facer lo que mandares, fray Lope pero mi cuerpo pide con urgencia facer aguas menores y ya es de imaginar ca acaezra cuando fuere adentro del corral.

- Otrosí, me avedes dicho vos queredes más que las tu respuestas sean bien declaradas et acuanto más luengas que non abreviadas.

Con esta respuesta de fray Lope, Ysabel se perdió en el interior de la fortaleza dolorida por el enorme coscorrón recibido con la duda de si el daño se debía al a fortaleza del fraile, a la dureza de los huesos de la mano o al grueso anillo que llevaba en el dedo corazón de su mano izquierda y que para colmo le quitó las ganas de facer las susodichas aguas menores.

Años más tarde ya nunca más diría aquella frase tan desdichada pues aún le dolía la cabeza nada más recordarla, por lo que en multitud de ocasiones, más institucionales, pensaría aquello de "¡Que me meo! ¡Que me meo!" sin salir de sus labios ni el más mínimo sonido, si bien siempre tenía algún otro argumento en su cabeza para justificar la urgencia del trance como decir: “Quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente” y así resolvía con prontitud los negocios cuando necesitaba ir al desaguado...

Ysabel durante las Capitulaciones de Santa Fe:
"Quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente"...

Aborozes: Alborozo (Poema del Mío Cid)
Albores: Al amanecer
Adagara: Ascudo de cuero
Otrosí: Además
Argayo: Prenda de abrigo de paño burdo que los religiosos de Santo Domingo solían ponerse sobre el hábito


Juventud de Ysabel

Mientras trabajaba sobre este Post escuchaba algo muy antiguo... pero siempre actual:



martes, 17 de junio de 2014

"… y ahora qué hago, ¡maldita sea!". RCVálor en el 40 Aniversario de la Carrera de Ciencias Físicas en Granada.

LOS PIONEROS.
Cuando me enteré de la celebración de los 40 años de la carrera de Físicas en Granada, comencé a rememorar algunos acontecimientos pasados como la celebración de mi promoción de hace unos años en la que volví a reencontrarme con antiguos colegas.












A lo largo de todos estos años uno ha ido evolucionando, adquiriendo experiencias… y entre las cosas aprendidas (no de física expresamente) dibujar fue una de las más gratificantes y con la que me encuentro más a gusto (dibujar mejor o peor según quién lo mire: mi abuela me ve como “al Leonardo”… y muchísimo mejor que “el Dalí ese”).









Así que se me ocurrió, con motivo de esta celebración, mirar la orla y sacar algún partido de las fotos de los profesores con algunas caricaturas de los mismos como recuerdo del evento.











Bueno, hacer una caricatura no es fácil. Lo primero y más importante es tener el modelo, y si es de cuerpo presente (preferentemente vivo) mejor, aunque a mí me da un no sé qué que qué sé yo que yo qué sé (el otro principio de incertidumbre de Heisemberg, 1.926, http://pensamientos-celebres.blogspot.com.es/2011/07/pues-no-se-yo-que-yo-que-se-que-que-se.html , “Pensamientos Célebres” de rcválor, Julio de 2.011) que me intimida y no me deja dibujar en vivo por lo que lo prefiero, casi mejor, hacerlo a través de una foto.






Bueno, una foto puede valer si es aceptable pero lo que me encontré en la orla de poco valía (aunque finalmente me ha servido). Con esto sólo pretendo justificar un poco la calidad de los trabajos, espontáneos todos ellos, que he traído a esta exposición de recuerdo.











Una caricatura requiere analizar muchos detalles del personaje. Para mí, los detalles más importantes están en la forma del cráneo, las cejas, el entrecejo, los párpados superiores y los inferiores, así como las bolsas de los ojos o incluso parte del lacrimal y si hay “arruguillas” mejor… y con las fotos de la orla ¿qué puñetas puedo hacer?.









Y para colmo algunos de los profesores llevan gafas… Unas gafas pueden ser características, no digamos las de Elton John o las de Martirio con su peineta, pero ninguno de los profesores de la orla lleva gafas características y menos peineta… y ahora qué hago, ¡maldita sea!.










Bueno, eché mano de la memoria (ese bonito recuerdo) y… ¡joder, 30 años después!.








El caso es que algo había que hacer… (aparte de redactar este documento que justifique estos desastres).

No obstante, como yo le decía a uno de mis hijos (resultado importante en el que he entretenido mi tiempo desde hace 30 años) “los objetivos no están para alcanzarlos sino para atravesarlos” y claro, al atravesar algo siempre hay roturas.





Espero haber roto poco con mis caricaturas (quizás un poco el formalismo de la celebración) y también espero que mis profesores (los de la orla) no se molesten si no se ven muy representados pues en estos dibujos hay mucho de intención y espontaneidad y poco detalle y sólo pretenden dar un toque de humor al acontecimiento.








De todas formas, los profesores tienen que entender que dar clase durante tantos años y a tantos alumnos siempre puede haber algún discípulo “rarillo”.










Es cierto que no están todos los que son o han pasado por el departamento de Física pero sí son todos los que están, pero es que no tengo más fotos y mucho menos recuerdos… por lo que espero que con estos 17 retratos se vean representados todos los que hayan pasado por la facultad, que para eso son bastante ambiguos como para que cualquiera se vea representado… ¡si quiere!.





Así que esta es mi modesta contribución a este evento y a la física, ciencia que me cambió la vida y que me ayudó en mi proyección profesional de forma fundamental (algo siempre queda).









Mi segunda importante contribución a la física creo que sería la mención que mi empresa hace sobre la existencia de un físico en su plantilla, cada vez que se presenta a un concurso. Bueno, y lo cotidiano, que de alguna manera la física me ha servido para resolver algunos problemillas, lazos PID, regresiones, etc… en mi tarea diaria.






Con esto espero que mis profesores, algunos de los pioneros, se lleven un buen recuerdo de este alumno “rarillo”, que yo ya me lo he llevado durante todos estos años de ellos y que siempre estarán en mi recuerdo.










Posdata: Una cosa sí quiero apuntar finalmente, si hubiese tenido fotos más actuales seguramente hubiera gastado menos tinta negra…





















Ramón Carlos Válor López, promoción del 77 al 83 y pico.

PD.: Finalizo este "pensamiento célebre" con un pas de dibujos que publiqué en el nº 0 de la revista "Espectro" que se editó allá por el 79 u 80 con colegas de la carrera.





viernes, 12 de octubre de 2012

SI NO LO VEO NO LO CREO: Pierre-Jules-Hetzel, editor, a JULIO VERNE mientras redactaba la carta con la que le rechazaba la publicación de su novela "París en el SIglo XX". Diciembre de 1.863.




Julio Verne rechazó, en la entrevista que le hizo Robert H. Sherad en 1.903, ser un escritor de ciencia ficción argumentando que:
  • "Yo hago uso de la Física, pero él (en referencia a su coetáneo el inglés H.G.Wells) inventa. Yo voy a la Luna en una bala, disparada por un cañón. No hay invención alguna. Él viaja a Marte en una aeronave de metal que anula la ley de gravitación. Eso está muy bien, pero, muéstreme ese metal.".
De hecho, unos años antes, por 1.863 y para dejar constancia de su habilidad en el terreno de crear historias en otros estilos, se le ocurrió escribir una novela absurda en los más puros términos de fantasía aplicables a la ciencia ficción en la que narrar cosas absolutamente increíbles y de un interés nulo para el ser humano y le remitió a su editor la novela llamada "París en el Siglo XX" en la que narraba toda una serie de barbaridades científicas, incapaces de ser llevadas a cabo por los humanos por su inutilidad, pero que dejaba constancia de su habilidad para redactar una historia increíble, en la más pura ciencia ficción y en la que escribía cosas tan absurdas como:

  • Si bien ya casi nadie leía, por lo menos ya todo el mundo sabía leer e incluso escribir
  • No había hijo de artesano ambicioso, de campesino desplazado, que no pretendiera un puesto en la Administración.
  • La mayor parte de los innumerables coches que surcaban la calzada de los bulevares lo hacían sin caballos; se movían por una fuerza invisible, mediante un motor de aire dilatado por la combustión del gas.
  • Serás mayor de edad a los dieciocho.
  • Se comprende que en esa época de negocios el consumo de papel aumentase en proporciones inesperadas (...); los bosques ya no servían para calefacción, sino para la impresión.
  • Ya no hay mujeres (...) se han pasado al género masculino y ya no merecen la mirada de un artista ni la atención de un amante.
  • ¡Concierto eléctrico! ¡Y qué instrumentos! (...) doscientos pianos comunicados entre sí a través de una corriente eléctrica tocaban juntos de la mano de un solo artista.
  • Ya no cortaban la cabeza a nadie. Le fulminaban con una descarga.
  • En efecto, el primer vagón llevaba entre las ruedas unos imanes situados a la derecha y a la izquierda del tubo, muy cerca pero sin tocarlo. Estos imanes actuaban a través de las paredes del tubo de disco de hierro. Éste se deslizaba y lo arrastraba al tren; el aire comprimido no podía escapar…
  • El envío de facsímiles a 10.000 km de distancia mediante señales eléctrica o una “red telegráfica mundial” capaz de comunicar a las personas desde cualquier parte del mundo ya que cubría la superficie completa de los continentes y el fondo de los mares…
  • Esos coches de gas consumían grandes cantidades de hidrógeno…
Y así con una innumerable cantidad de ideas absurdas, incapaces de convencer a nadie de su posible realidad futura.

Cuando el editor terminó de leer la novela, pensó "si no lo veo no lo creo" y entonces le escribió a Julio Verne mostrándole su total desacuerdo respecto a la edición de dicho manuscrito indicándole textualmente:

  • "¿Hace falta decírselo?, este libro es casi el de un niño, el de un principiante, el de un hombre que va como un abejorro contra una ventana."


Por tanto, y ante los consejos desalentadores de su sabio editor, comprendió que todas aquellas "ocurrencias" no tenían ningún sentido por lo que abandonó el manuscrito en el rincón más oscuro de su caja fuerte esperando que allí se pudriera por sí solo sin tener que "echarlo" él mismo al fuego, antes de que su conocimiento por el público le llegara a desprestigiar como escritor.

Años más tarde, en 1.989, su descendiente Jean Verne localizó la novela en el interior de una caja fuerte y en 1994 fue publicada en varios idiomas.

He aquí algunos enlaces de interés:


Para quién tenga interés, he aquí la descarga de la novela:
17 capítulos. Escrita en 1863.
Paris au XXe siècle, editada por Piero Gondolo della Riva, Paris, Hachette / le cherche midi éditeur, 1994, 217 páginas, 2 ilustraciones y una cubierta de François Schuiten.

Y finalmente algo de música de Muyayos de Raiz, con un fondo visual fantasioso:



domingo, 23 de octubre de 2011

¡NIÑA, ESTÁS COMO UN PAN!: Ötzi, hace 5.000 años (año arriba, año abajo) durante la ceremonia de arrejuntamiento con su pareja, delante del chamán de la tribu, en un valle de los Alpes.

Hace más de 5.000 años, durante la edad del cobre, Ötzi, un joven lugareño que vivía en un cerrado valle de los Alpes, conoció a una hembra, Tüinz, de una tribu vecina, que le removió el alma por sus formas y sus andares cuando la veía pasar por los senderos del bosque buscando hierbas, semillas y frutos.

Así Ötzi pensaba para sí al ver a la susodicha hembra: ¡Niña, estás como un pan!.

Pronto llegaron a un acuerdo entre los padres de ambos jóvenes para un emparejamiento que acercaría lazos entre ambas tribus y quedó fijado para la siguiente luna, hacia la mitad del verano. Fue entonces cuando ambos enamorados, Ötzi y Tüinz, quedaron unidos para siempre, delante del chamán y de ambas tribus, que celebraron con abundante cacería la unión de las mismas.

Y es que durante el ritual, mientras el chamán les pronunciaba las ceremoniosas frases de rigor en este tipo de acto:
  • Chamán a Ötzi: ¡Tú!, ¿te juntas?.
  • Ötzi: ¡Sí, me junto!.
  • Chamán a Tüinz: ¡Y tú!, ¿te rejuntas?.
  • Tüinz: ¡Sí, me rejunto!.
Ötzi seguía pensando como el primer día en que vió a Tüinz: ¡Niña, estás como un pan!.

Y con estas simbólicas frases (que han perdurado a lo largo de los milenios aunque con fórmulas algo más evolucionadas), la pareja quedó rejuntada.

Así, durante las gélidas noches de invierno, en el lugar más recóndito de la cueva, allá donde no llegaba ni el resplandor de las hogueras que se mantenían encendidas en el interior, mientras él le “rascaba la espalda” a su amada, ella le devolvía el favor “calentándole las orejas”, como era costumbre entre las parejas de la época y que tras miles de años aún perdura como parte de la herencia genética de los humanos.

La tribu va de caza...

Años más tarde, con una familia consolidada con varios cachorros (churumbeles se diría hoy en algunas zonas de Andalucía), de la que estaban muy orgullosos en la tribu, Ötzi comenzó a quejarse de cierto dolor en el pecho que el chamán achacaba al mal de amores, no haciendo caso de las indicaciones del mismo Ötzi sobre un antiguo accidente de caza en el que le clavaron una flecha en la espalda. Y como única cura le proponía la necesidad de subir a las cumbres lejanas y traerse la Luna para su amada.

Ötzi: El hombre de Hielo
No viendo otra alternativa, unos días después se despidió de su familia y pertrechándose adecuadamente (raquetas para la nieve, ropa de abrigo, un hacha de cobre, un cuchillo de pedernal, un arco, unas flechas y algo de comida, entre oras cosas) salió sólo hacia las cumbres nevadas y montañosas que rodeaban el valle donde se asentaba la tribu, para intentar robarle la Luna a los dioses de las montañas.

No obstante Ötzi subió, trepó y escaló hasta donde pudo y llegó a la extenuación, cuando se sentó a comer un trozo de carne de gamuza con un poco de cereal molido y cocido en forma de torta o pan ácimo, mientras el frio se apoderaba de sus extremidades lentamente al avanzar la noche.


Acurrucado, pensaba en su amada y lo bien que le vendría que le “calentara las orejas” en aquel momento de frío y oscuridad, durante el cual despacio y casi sin darse cuenta, mientras soñaba que había alcanzado la Luna para su hembra, iba abandonando su cuerpo para reunirse con sus ancestros más allá de la Luna. Mientras su amada, acurrucada, también, junto a sus cachorros, echaba en falta alguien que le "rascara la espalda" como únicamente lo hacía Ötzi...


Así, esta historia tan sencilla podría haber explicado las dudas de los científicos de otras tribus, unos 5.000 años más tarde (es decir en nuestra época), sobre el cómo y el porqué murió Ötzi, allá perdido en las cumbres de los Alpes, conocido también por el Hombre de Hielo, nombre erróneamente dado a un ser tan ardiente...

Enlaces de interés:
Ötzi, el hombre de hielo.
En You Tube.

Mi recomendación para escuchar buena música. Lo escuché en directo, en "LA Tertulia", en Granada y me encnató:
El Kanka, "Lo mal que estoy y lo poco que me quejo".



viernes, 29 de julio de 2011

“¡PUES NO SÉ YO, QUE YO QUE SÉ, QUE QUÉ SÉ YO!”: Pensamiento fundamental que indujo a Werner Heisemberg a concretar su “Principio de Incertidumbre”, mientras veía la final del Campeonato Sureño Alemán en 1926 en la que jugaba el Bayer de Munich.


Werner Heisemberg, físico famoso por su enunciado matemático denominado el “Principio de Incertidumbre” y que le proporcionó el premio Novel de Física en 1.932, no podría olvidar jamás el origen de ese enunciado en su mente, unos años antes mientras veía un partido del Bayer de Munich, como aficionado a ese club, durante la final del Campeonato Sureño Alemán allá por 1.926.



Y es que en su cabeza ya rondaba la formulación matemática compleja que le llevaría al susodicho “Principio de Incertidumbre” que más o menos dice que “es imposible medir simultáneamente, y con precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula”


Sin embargo, le faltaba algo... para cerrar el enunciado, que no acababa de encontrar.



Pues participando como espectador en el Campeonato Sureño Aleman, mientras un jugador del Bayer de Munich se disponía a tirar un penalti, y estando el partido un tanto complicado y ver la “incertidumbre” con la que el jugador ponía la pelota en el punto de penalti pensó con gran pesimismo: “Pues no sé yo, que yo que sé, que qué sé yo...” mientras hacía rápidos cálculos mentales que le llevaban a imaginar al portero, Vilhelm Plank, parando la pelota, cosa que tampoco tenía clara.




Entonces pensó que si el jugador le daba un impulso conocido a la pelota con su poderosa diestra, ésta sería lanzada contra la portería con cierta cantidad de movimiento pero, sin embargo, el tamaño de la portería así como la incertidumbre en la posición del portero después del disparo, podrían hacer que fuese imposible conocer a ciencia cierta el lugar por donde entraría el esférico para hacer un gol... o no. Siempre con la dichosa incertidumbre, por lo que Werner Heisemberg, volvería a pensar: “Pues no sé yo, que yo que sé, que qué sé yo...”




No obstante, y gracias a su mente prodigiosa, acabó por razonar que quizás esa incertidumbre dependería fundamentalmente del portero, es decir de Plank. y ahí le vino la idea luminosa que le faltaba para el enunciado final, donde todo dependería del tal Plank (esta vez se trataba de Max Plank, el propietario de la famosa constante de Plank), quedando finalmente el “Principio de Incertidumbre” “perfectamente determinado" de la siguiente forma:



donde:



es la indeterminación en la posición del jugador, por ejemplo,




es la indeterminación en la cantidad de movimiento de la pelota una vez lanzada, por ejemplo, y


h: constante de Planck (la de Max Plank, no la del portero) y que equivale a 6,626 * 10-34 Js


Y es que las ideas geniales siempre surgen en el momento más inesperado, o de más incertidumbre, como fue éste el caso.