sábado, 31 de enero de 2015

¡Que me meo, que me meo!, Ysabel de Madrigal y más tarde Ysabel la Católica, mientras jugaba en el patio del castillo de la villa de Arévalo, una seca y fría mañana de Noviembre, en 1.461.


Era por la mañana temprano y, apesadumbrada por los acontecimientos que se cernían sobre su futuro, Ysabel jugaba con su hermano Alfonso y su amiga Beatriz de Bobadilla, hija del alcaide de la fortaleza, a “la Calva”.

Lo cierto es que estaba observando mucho movimiento en su casa y esto le hacía pensar en un próximo viaje con destino desconocido, abandonando su actual y modesta casa y sus buenos amigos.

Es en Arévalo donde Ysabel está pasando los mejores años de su infancia, a pesar de las estrecheces y de los males que aquejan frecuentemente a su madre, Ysabel de Portugal.

Es en estas circunstancias y debido a los grandes aborozes en el patio por los juegos de los infantes cuando apareció fray Lope de Barrientes (su tutor) envuelto en su argayo y les decía:


- Alfonso, Ysabel, Beatriz, dejad vuesas mercedes inmediatamente los juegos que urge emprender viaje mañana abuelta de los albores y hay que preparar el equipaje.

A lo que Ysabel, huyendo de fray Lope, cogió su caballo de palo, una espada y una adagara y salió corriendo gritando:

- ¡Que me meo!, ¡Que me meo!.

Y es que Ysabel, con esta artimaña tenía por costumbre escapar de los problemas y por tanto intentaba huir de su futuro incierto.

Tan mal le sentó esta abrupta respuesta a fray Lope que con agilidad la agarró del sayo y dándole un gran coscorrón le dijo con mucho disgusto:

- Non es bien que una infante de tu estirpe fable términos tan rudos como esos.

-Yo non me’xcuso de facer lo que mandares, fray Lope pero mi cuerpo pide con urgencia facer aguas menores y ya es de imaginar ca acaezra cuando fuere adentro del corral.

- Otrosí, me avedes dicho vos queredes más que las tu respuestas sean bien declaradas et acuanto más luengas que non abreviadas.

Con esta respuesta de fray Lope, Ysabel se perdió en el interior de la fortaleza dolorida por el enorme coscorrón recibido con la duda de si el daño se debía al a fortaleza del fraile, a la dureza de los huesos de la mano o al grueso anillo que llevaba en el dedo corazón de su mano izquierda y que para colmo le quitó las ganas de facer las susodichas aguas menores.

Años más tarde ya nunca más diría aquella frase tan desdichada pues aún le dolía la cabeza nada más recordarla, por lo que en multitud de ocasiones, más institucionales, pensaría aquello de "¡Que me meo! ¡Que me meo!" sin salir de sus labios ni el más mínimo sonido, si bien siempre tenía algún otro argumento en su cabeza para justificar la urgencia del trance como decir: “Quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente” y así resolvía con prontitud los negocios cuando necesitaba ir al desaguado...

Ysabel durante las Capitulaciones de Santa Fe:
"Quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente"...

Aborozes: Alborozo (Poema del Mío Cid)
Albores: Al amanecer
Adagara: Ascudo de cuero
Otrosí: Además
Argayo: Prenda de abrigo de paño burdo que los religiosos de Santo Domingo solían ponerse sobre el hábito


Juventud de Ysabel

Mientras trabajaba sobre este Post escuchaba algo muy antiguo... pero siempre actual:



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada